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jueves, 19 de abril de 2012

Dirigibles contra el cambio climático

Todo lo antiguo puede ser nuevo otra vez. Los aerogeneradores no son más que molinos de viento equipados con modernos sistemas de generación de electricidad. Las centrales hidroeléctricas son las descendientes de los viejos molinos hidráulicos que ya se empleaban en la edad media. Soluciones que fueron empleadas en el pasado y fueron abandonadas merced a otras más innovadoras pueden retomarse si éstas brindan ventajas desestimadas en su día y que ahora se presentan vitales. Este es, aparte de los ejemplos citados, el caso de los dirigibles. La explicación es simple, ya que éstas aeronaves suponen una alternativa posible al transporte aéreo convencional, sólo que con un impacto ambiental mucho menor que los aviones y helicópteros. Algo que no ha pasado desapercibido a los “Luchadores contra el cambio climático” y los especialistas en el cuidado del medio ambiente.

La lucha contra el deterioro del planeta es el nuevo reto del presente siglo. Tras la revolución industrial y de la información, la próxima será con toda seguridad la que nos lleve a conciliación de la tecnología con el medio ambiente; ya seriamente deteriorado por las centrales térmicas, los residuos industriales y los gases producidos por la combustión de las máquinas. A pesar de que la voz de alarma ya se viene escuchando desde finales de la guerra fría, con la lucha contra los vertidos químicos, los CFC y la perforación de la capa de ozono o el efecto invernadero, no es hasta hace unos años cuando ha surgido un nuevo frente: El cambio climático producido por las emisiones de CO2 a la atmósfera. Numerosas iniciativas se han emprendido desde entonces, como la más conocida, liderada por el ex vicepresidente de los E.E.U.U. Al Gore o el protocolo de Kyoto. Especialistas de todo el mundo se han puesto manos la obra con el fin de establecer métodos más óptimos de consumos de energía o incluso vías alternativas como las fuentes renovables. Pero es en todo en este proceso cuando se han encontrado con un escollo importante que contribuye en gran medida a estas dañinas emisiones de CO2. No es otro que el transporte aéreo. Las industrias, a la par que los medios de transporte terrestre y las centrales térmicas son los agentes emisores de CO2 que tenemos más en mente. Sin embargo, el efecto de la misma cantidad de CO2 emitida por las aeronaves es más nocivo todavía que en la superficie. Esto supone un verdadero handicap, habida cuenta que además el transporte aéreo va en progresivo aumento (El gobierno del Reino Unido prevé un aumento del número de pasajeros de líneas aéreas de 228 millones en 2005 a 480 millones en 2030). el comercio mundial, el ocio y los movimientos migratorios, la defensa cuentan con la aviación como un factor clave. Es preciso por ello tomar medidas urgentes. Es cierto que se han tomado medidas por parte de la industria y centros de investigación. Se ha logrado un avance significativo en la mejora de los motores de aviación, que cada vez consumen menos. Pero esto no evita que se sigan descargando cantidades masivas de CO2 sobre la atmósfera a las altitudes que aumentan el efecto invernadero Incluso se baraja la posibilidad de la propulsión criogénica (uso de hidrógeno), exhalando vapor de agua en la atmósfera. Sin embargo, esta solución no es satisfactoria. El hidrógeno ocupa más volumen que el queroseno, reduciendo de forma importante la carga útil. A esto se añade el hecho de que el supuestamente inofensivo vapor de agua a las altitudes de vuelo de los aviones produce un efecto invernadero mucho mayor que el CO2. El problema persiste.

Ante esto, finalmente hay quienes han propuesto una solución bastante sencilla y efectiva al problema; surgida con algo que no es nuevo, sino con un viejo sistema sobradamente probado: Un vehículo más ligero que el aire (LTA o lighter than air en inglés), capaz por tanto de elevarse y mantenerse en el aire sin necesidad de alcanzar una velocidad mínima de sustentación, obtenida por medio de potentes motores. Nada más y nada menos que los viejos dirigibles. A muchos esta idea puede parecer, como poco, sorprendente. Los dirigibles son vistos por la mayoría como una tecnología obsoleta, necesaria en su día pero ya superada por los esbeltos y veloces aviones, además de peligrosa (recordemos el desastre del Hindemburg en 1937). Estas moles rellenas de gas, lentas y demasiado vulnerables a los embates del tiempo (como último caso veamos el Total Pole Airship, destruido en enero de 2008 por una ráfaga de viento) nunca reemplazarán a los aviones ¿O quizás sí?

En primer lugar, está la velocidad. Es cierto que ya nadie renuncia a la comodidad de cruzar el océano en unas horas, pero ¿es realmente necesario transportar mercancías a 900 kilómetros por hora? Los gigantescos petroleros o los buques mercantes recorren los mares uniendo diferentes partes del mundo veinte veces más despacio que los aviones. La cuestión es si podemos realizar la mayoría del transporte de mercancías aéreas en artefactos más veloces que los barcos y que pueden recorrer los cielos sin obstáculos geográficos, como los canales de Panamá y Suez. Una solución de compromiso a caballo entre el barco y el avión (de hecho, la locución inglesa de dirigible es Airship, literalmente “barco del aire”), capaz de transportar voluminosas y pesadas cargas a 160 nudos, haciendo la tarea de varias aeronaves y la misma de un buque mercante pero diez veces más veloz.

Otro de los grandes problemas es la poca maniobrabilidad. Al ser más ligeros que el aire, cuesta más trabajo controlarlos en tierra y en vuelo. Una solución a este problema sería la propuesta de Aeroscraft con su ML866.Este proyecto la forma del aparato es la de un cuerpo sustentante, provisto además de planos de sustentación, siendo más pesado que los dirigibles habituales y por tanto menos vulnerable a ráfagas de viento pero por el contrario con superficies de control. Un híbrido que, aporta las ventajas del dirigible y las del avión al mismo tiempo.

Por último, está el tamaño. ¿Podemos imaginar un moderno aeropuerto, pero repleto de gigantescos dirigibles, la mayoría de ellos arropados en enormes hangares? Seguro que no, pero hay que imaginarlo con la perspectiva del propio concepto de esta aeronave: Los dirigibles pueden despegar o aterrizar sin necesidad de largas pistas. Pueden operar incluso en plataformas similares a los helipuertos, y de la misma manera, recoger o descargar mercancías o pasajeros en las ciudades, algo que actualmente pueden hacer los helicópteros, pero de forma mucho más limpia y silenciosa.

Y no sólo eso. Aparte de estos puntos negativos, existen otros muy a favor. El más destacable, que los dirigibles son excelentes plataformas de observación. Éste ha sido la principal aplicación actual de los modelos actuales, tal es el “Blimp” de Goodyear. Se dispone de un medio de observación de gran autonomía y un rango de observación de 360 grados. Sin duda podrían sustituir a los actuales helicópteros que sobrevuelan ciudades y carreteras. Y no hay más que citar el hecho de que la policía holandesa, declaró a finales del pasado años que comenzará a utilizar dirigibles en sus tareas de vigilancia. El primer paso ya está dado.

Hay algo más. Volviendo a la cuestión del uso del hidrógeno como fuente de energía, poco viable en las aeronaves convencionales, hay que decir lo contrario en el caso de los dirigibles. En el techo de vuelo de estos aparatos (4000 pies) no hay riesgo de producir el efecto invernadero con el vapor de agua. Además, cabe la posibilidad de la utilización de células de combustible de hidrógeno, permitiendo que además sean silenciosos. Además, son los aparatos en los que el inconveniente del almacenamiento de hidrógeno tiene el menor impacto, tomando eso sí, las medidas de seguridad mayores.

En resumen, tienen desventajas fácilmente solucionables, y además aportan otras contrapartidas, que a día de hoy son vitales para la supervivencia del planeta. Desde luego que no sustituirán definitivamente a los aviones, pero podrá aliviar bastante la pesada carga que éstos dejan sobre el medio ambiente. De momento, hay varias empresas privadas que tímidamente luchan por poner en práctica esta iniciativa. Si éstas tienen éxito podremos ver un día en el que enormes mercantes dirigibles surquen los cielos. Incluso hay quienes ya predicen el regreso de los grandes cruceros del aire, que brindarán a sus privilegiados pasajeros de las mismas comodidades que un barco de lujo y espectaculares vistas. El tiempo lo dirá.
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